Las cosas no tienen que exigirse, ni pedir, ni tan siquiera obligar. Las cosas surgen como un brownie acompaña mejor con helado de mandarina y no con la pesadez de la vainilla o la nata, Santo grial de la empalagosidad. Me gusta mis tenis con bolsos y corazones, me gusta mi pelo corto con gafas gigantes, me gustan esas cosas que para los tíos es un habitáculo menos de aire o una percha más en esa ajustada barra de armario. Y si de espacio empezamos a hablar, para ser tan lady del tacón me he vuelto una catastrófica de la comodidad. Llevo un armario, medio vestidor y otro armario de invierno sin fecha de visita. Los tacones van a la par que los tenis. Él solo suspira.  Igual me vuelvo a cortar el pelo para no ocupar de más…. Es como el novato turista que confunde el pulpo a la gallega y pulpo a feira, Esas cosas!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Brrr…!

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